Historia de los indios de la Nueva España
Fray Toribio de Benavente Motolinia (….+1565 México)
Epístola proemial
1 Epístola proemial de un fraile menor al ilustrísimo señor don Antonio Pimentel, sexto conde de Benavente, sobre la relación de los ritos antiguos, idolatrías y sacrificios de los indios de la Nueva España, y de la maravillosa conversión que Dios en ellos ba obrado. Declárase en esta epístola el origen de los que poblaron y se enseñorearon de la Nueva España.
2 La paz del muy Alto Señor Dios nuestro sea siempre con su ánima. Amén.
3 Nuestro Redentor y Maestro Jesucristo en sus sermones formaba las materias, parábolas y ejemplos según la capacidad de los oyentes; a cuya imitación, digo, que los caballeros cuerdos se deben preciar de lo que su rey señor se precia; porque lo contrario hacer, sería gran desatino; y de aquí es, que cuando en la corte el emperador se precia de justador, todos los caballeros son justadores; y si el rey se inclina a ser cazador, todos los caballeros se dan a la caza; y el traje que el rey ama y se viste, de aquél se visten los cortesanos. Y de aquí es, que como nuestro verdadero Redentor se preció de la cruz, que todos los de su corte se preciaron más de la misma cruz, que de otra cosa ninguna, como verdaderos cortesanos que entendían y conocían que en esto estaba su verdadera salvación. Y de aquí es, que el hombre de ninguna cosa se precia más que de la razón, que le hace hombre, capaz y merecedor de la gloria, y le distingue y aparta de los brutos animales. Dios se preció (tanto) de la cruz, que se hizo hombre y por ella determinó de redimir el humanal linaje; y pues el señor se precia del fruto de la cruz, que son las ánimas de los que se han de salvar, creo yo que vuestra señoría, como cuerdo y leal siervo de Jesucristo, se gozará en saber y oír la salvación y remedio de los convertidos en este nuevo mundo, que ahora la Nueva España se llama, adonde por la gracia y voluntad de Dios cada día tantas y tan grandes y ricas tierras (se descubren), adonde Nuestro Señor Jesucristo es nuevamente conocido, y su santo nombre y fe ensalzado y glorificado, cuya es toda la bondad y virtud que en vuestra señoría y en todos los virtuosos príncipes de la tierra resplandece; de lo cual no es menos dotado vuestra señoría que lo fueron todos sus antepasados, mayormente vuestro ínclito y verdadero padre don Alonso Pimentel, conde quinto de Benavente, de buena y gloriosa memoria, cuyas pisadas vuestra señoría en su mocedad bien imita, mostrando ser no menos generoso que católico señor de la muy afamada casa y excelente dictado de Benavente, por lo cual debemos todos sus siervos y capellanes estudiar y trabajar de servir y reagradecer las mercedes recibidas; y a esta causa suplico a vuestra señoría reciba este pequeño servicio quitado de mi trabajo y ocupación, hurtado al sueño algunos ratos, en los cuales he recopilado esta relación y servicio que a vuestra señoría presento; en la cual sé que ha quedado tan corto que podría ser notado de los prácticos en esta tierra y que han visto y entendido todo o lo más que aquí se dirá.
4 Y porque esta obra no vaya coja de lo que los hombres naturalmente desean saber, y aun en la verdad es gloria de los señores y príncipes buscar y saber secretos, declararé en ésta brevemente lo que más me parezca de (a) la relación conveniente.
5 Esta tierra de Anáhuac, o Nueva España, llamada (así) primero por el Emperador nuestro señor; según los libros antiguos que estos naturales tenían de caracteres y figuras, que ésta era su escritura, a causa de no tener letras, sino caracteres, y la memoria de los hombres ser débil y flaca. Los viejos de esta tierra son varios en declarar las antigüedades y cosas notables de esta tierra, aunque algunas cosas se han colegido y entendido por sus figuras, cuanto a la antigüedad y sucesión de los señores que señorearon y gobernaron esta tan grande tierra; lo cual aquí no se tratará, por parecerme no ser menester dar cuenta de personas y nombres que mal se pueden entender ni pronunciar; baste decir cómo en el tiempo que esta tierra fue conquistada por el buen caballero y venturoso capitán Hernando Cortés, marqués que ahora es del Valle, era supremo rey y señor uno llamado Motezuma (1), Y por nombre de mayor dictado llamado de los indios Motecumazin. Había entre estos naturales cinco libros, como dije, de figuras y caracteres (2). El primero habla de los años y tiempos. El segundo de los días y fiestas que tenían todo el año. El tercero de los sueños, embaimientos y vanidades y agüeros en que creían. El cuarto era el del bautismo y nombres que daban a los niños. El quinto de los ritos y ceremonias y agüeros que tenían en los matrimonios. De todos éstos, del uno, que es el primero, se puede dar crédito, porque habla la verdad, que aunque bárbaros y sin letras, mucha orden tenían en contar los tiempos, días, semanas, meses y años, y fiestas, como adelante parecerá.
6 Asimismo figuraban las hazañas e historias de vencimientos y guerras, y el suceso de los señores principales; los temporales y notables señales del cielo, y pestilencia generales; en qué tiempo y de qué señor acontecían; y todos los señores que principalmente sujetaron esta Nueva España, hasta que los españoles les vinieron a ella. Todo esto tienen por caracteres y figuras que lo dan a entender. Llaman a este libro, Libro de la cuenta de los años, y por lo que de este libro se ha podido colegir de los que esta tierra poblaron, fueron tres maneras de gente, que aún ahora hay algunos de aquellos nombres. A los unos llamaron chichimecas, los cuales fueron los primeros señores de esta tierra. Los segundos son los de Culiua. Los terceros son los mexicanos.
7 De los chichimecas no se halla más de que ha ochocientos años que son moradores de esta tierra, aunque se tiene por cierto ser mucho más antiguos, sino que no tenían manera de escribir ni figurar, por ser gente bárbara y que vivían como salvajes. Los de Culiua (Colhua) se halla que comenzaron a escribir y hacer memoriales por sus caracteres y figuras. Estos chichimecas no se halla que tuviesen casa, ni lugar, ni vestidos, ni maíz, ni otro género de pan, ni otras semillas. Habitaban en cuevas y en los montes; manteníanse de raíces del campo, y de venados y liebres, y conejos y culebras. Comíanlo todo crudo, o puesto a secar al sol; y aún hoy día hay gente que vive de esta manera, según que más larga cuenta dará a vuestra señoría el portador de ésta, porque él con otros tres compañeros estuvieron cautivos por esclavos más de siete años, que escaparon de la armada de Pánfilo de Narváez, y después se huyeron, y otros indios los trajeron y sirvieron camino de más de setecientas leguas, y los tenían por hombres caídos del cielo; y éstos descubrieron mucha tierra encima de la Nueva Galicia, adonde ahora van a buscar las siete ciudades. Ya son venidos mensajeros y cartas cómo han descubierto infinita multitud de gente. Llámase la primera tierra la provincia de Cíbola; créese que será gran puerta para adelante. Tenían y reconocían estos chichimecas a uno por mayor, al cual supremamente obedecían. Tomaban una sola por mujer, y no había de ser parienta. No tenían sacrificios de sangre, ni ídolos; mas adoraban al sol y teníanle por dios, al cual ofrecían aves y culebras y mariposas. Esto es lo que de estos chichimecas se ha alcanzado a saber.
8 Los segundos fueron los de Culiua (Colhua). No se sabe de cierto de a dónde vinieron, más de que no fueron naturales, sino que vinieron treinta años después que los chichimecas habitaban en la tierra, de manera que hay memoria de ellos de setecientos y setenta años; y que eran gente de razón y labraron y cultivaron la tierra, y comenzaron a edificar y hacer casas y pueblos, y a la fin comenzaron a comunicarse con los chichimecas, y a contraer matrimonios, y casar unos con otros, aunque se sabe que esto no les duró más de ciento y ochenta años.
9 Los terceros, como hice mención, son los mexicanos, de los cuales se tratará adelante. Algunos quieren sentir que son de los mismos de Culiua (Colhua) y créese será así, por ser la lengua toda una; aunque se sabe que estos mexicanos fueron los postreros, y que no tuvieron señores principales, mas de que se gobernaban por capitanes. Los de Culiua (Colhua) parecieron gente de más cuenta y señores principales. Los unos y los otros vinieron a la laguna de México. Los de Culiua (Colhua) entraron por la parte de oriente, y edificaron un pueblo que se dice Tullantzinco, diez y siete leguas de México; y de allí fueron a Tula, doce leguas de México, a la parte del norte, y vinieron poblando hacia Tetzcoco, que es en la orilla del agua de la laguna de México, cinco leguas de traviesa, y ocho de bojeo. Tetzcoco está a la parte de oriente, y México al occidente, la laguna en medio. Algunos quieren decir que Tetzcoco se dice Coliua (Colhua) por respeto de éstos que allí poblaron. Después el señorío de Tetzcoco fue tan grande como el de México. De allí de Tetzcoco vinieron a edificar a Cuaotichan (Coatlichan) que es poco más de legua de Tetzcoco, a la orilla del agua, entre oriente y mediodía. De allí fueron a Culiuaca (Colhuacan) a la parte del mediodía, tiene a México al norte dos leguas, por una calzada. Allí en Colhuacan asentaron y estuvieron muchos años. Adonde ahora es la ciudad de México era entonces pantanos y cenegales, salvo un poco que estaba enjuto como isleta. Allí comenzaron los de Culiua (Colhua) a hacer unas pocas de casas de paja, aunque siempre el señorío tuvieron en Culiuaca (Colhuacan) y allí residía el señor principal.
10 En este medio tiempo vinieron los mexicanos, y entraron también por el puerto llamado Tula, que es a la parte del norte a respecto de México, y vinieron hacia el poniente poblando hasta Ascapulco (Azcapotzalco) poco más de una legua de México. De allí fueron a Tlacuba (Tlacopan) y a Chapultepec, adonde nace una excelente fuente que entra en México, y de allí poblaron a México.
11 Residiendo los mexicanos en México, cabeza de señorío, y los de Culiua (Colhua) en Culiuaca (Colhuacan) en esta sazón se levantó un principal de los de Culiua (Colhua) y con ambición de señorear mató a traición al señor de los de Culiua (Colhua), el cual era ya treceno señor después que poblaron, y levantóse por señor de toda la tierra; y como era sagaz quiso, por reinar sin sospecha, matar a un hijo que había quedado de aquel señor a quien él había muerto, el cual por industria de su madre se escapó de la muerte y se fue a México, adonde estando muchos días, creció y vino a ser hombre, y los mexicanos, visto su buena manera, trataron con él matrimonios, de suerte que casó con veinte mujeres, una en vida de otras, y todas hijas y parientas de los más principales de los mexicanos, de las cuales hubo muchos hijos, y de éstos descienden todos los más principales señores de la comarca de México. A éste favoreció la fortuna cuanto desfavoreció a su padre, porque vino a ser señor de México, y también de Culiuaca (Colhuacan), aunque no de todo el señorío; y dio en su vida a un hijo el señorío de Culiua (Colhua) y él quedó ennobleciendo a México, y reinó y señoreó en ella cuarenta y seis años.
12 Muerto este señor, que se llamaba Acamapuchi (3), sucedióle, un hijo (4), de tanto valor, y más que el padre, porque por su industria sujetó muchos pueblos, al cual despüés sucedió un hermano suyo (5), al cual mataron sus vasallos a traición aunque no sin muy gran culpa suya, por vivir en mucho descuido.
13 A este tercero señor sucedió otro hermano llamado Izcoazi (6), que fue muy venturoso, y venció en batallas, y sujetó muchas provincias, e hizo muchos templos, y engrandeció a México.
14 A éste sucedió otro señor llamado Ueve (Hueue) Moteuczoma (7), que quiere decir Moteuczoma el viejo, que fue nieto del primer señor. Era entre esta gente costumbre de heredar los señoríos los hermanos si los tenía, y a los hermanos sucedían otra vez el hijo del mayor hermano, aunque en algunas partes sucedía el hijo al padre; pero el suceder los hermanos era más general, y en los mayores señoríos, como eran México y Tetzcoco.
15 Muerto el viejo Moteuczoma sin hijo varón, sucedióle una hija legítima, cuyo marido fue un pariente suyo muy cercano, de quien sucedió y fue hijo Moteuczomatzin (9), el cual reinaba en el tiempo que los españoles vinieron a esta tierra de Anáhuac. Este Moteuczomatzin reinaba en mayor prosperidad que ninguno de sus pasados, porque fue hombre sabio, y que se supo hacer aceptar y temer, y así fue el más temido señor de cuantos en esta tierra reinaron. Esta dicción tzin, en que fenecen los nombres de los señores aquí nombrados, no es propia del nombre, sino que se añade por cortesía y dignidad, que así lo requiere esta lengua.
16 Este Moteuczoma tenía por sus pronósticos y agüeros que su gloria, triunfo y majestad no había de durar muchos anos; y que en su tiempo había de venir gente extraña a esta tierra, y por esta causa vivía triste, conforme a la interpretación de su nombre; porque Moteuczoma quiere decir hombre triste, y sañudo, y grave, y modesto, que se hace temer y acatar, como de hecho éste lo tuvo todo.
17 Estos indios además de poner por memorias, caracteres y figuras las cosas ya dichas, y en especial el suceso y generación de los señores y linajes principales, y cosas notables que en su tiempo acontecían, había(n) también entre ellos personas de buena memoria que retenían y sabían contar y relatar todo lo que se les preguntaba; y de éstos yo topé con uno, a mi ver harto hábil y de buena memoria, el cual sin contradicción de lo dicho, con brevedad, me dio noticia y relación del principio y origen de estos naturales, según su opinión y libros entre ellos más auténticos.
18 Pues éste dice, que estos indios de la Nueva España traen principio de un pueblo llamado Chicunmuitotlec (Chicomoztoc), que en nuestra lengua castellana quiere decir siete cuevas; y como un señor de ellos hubo siete hijos, de los cuales el mayor y primogénito pobló Cuauhcachula, y otros muchos pueblos, y su generación vino poblando hasta salir a Teocan, Cuzcatlán y Theutinclan.
19 Del segundo hijo, llamado Tenoch, vinieron los tenochcas, que son los mexicanos, y así se llama la ciudad de México, Tenuchca.
20 El tercero y cuarto hijos también poblaron muchas provincias y pueblos, hasta dónde está ahora la ciudad de los Angeles edificada, adonde hubieron grandes batallas y reencuentros según que en aquel tiempo se usaba, y poblaron también adelante, adonde ahora está un pueblo de gran trato, adonde se solían ayuntar muchos mercaderes de diversas partes y de lejos tierras, iban allí a contratar, que se dice Xicalanco. Otro pueblo del mismo nombre me acuerdo haber visto en la provincia de Mexcalzinco, que es cerca del puerto de Veracruz, que poblaron los xicalancas; y aunque están ambos en una costa, hay mucha distancia del uno al otro.
21 Del quinto hijo, llamado Mixtecatl, vinieron los mixtecas. Su tierra ahora se llama Mixtecapan, la cual es un gran reino: desde el primer pueblo hacia la parte de México, que se llama Acatlán, hasta el postrero, que se dice Tutatepec, que está en la costa del Mar del Sur, son cerca de ochenta leguas. En esta Mixteca hay muchas provincias y pueblos, y aunque es tierra de muchas montañas y sierras, va toda poblada. Hace algunas vegas y valles; pero no hay vega en toda ella tan ancha que pase de una legua. Es tierra muy doblada y rica, adonde hay minas de oro y plata, y muchos y muy buenos morales, por lo cual se comenzó a criar aquí primero la seda; y aunque en esta Nueva España no ha mucho que esta granjería se comenzó, se dice que se cogerán en este año más de quince mil libras de seda; y sale (tan) buena, que dicen los maestros que la tratan, que la tonozti es mejor que la joyante de Granada; y la joyante de esta Nueva España es muy extremada de buena seda.
22 Es esta tierra muy sana. Todos los pueblos están en alto, en lugares secos. Tiene buena templanza de tierra y es de notar que en todo tiempo del año se cría la seda, sin faltar ningún mes. Antes que esta carta escribiese en este año de 1541, anduve por esta tierra que digo, más de treinta días; y por el mes de enero vi en muchas partes semilla de seda, una que revivía, y gusanicos negros y otros blancos, de una dormida, y de dos, y de tres, y de cuatro dormidas; y otros gusanos grandes fuera de las panelas, en zarzos; y otros gusanos hilando, y otros en capullo, y palomitas que echaban simiente. Hay en esto que dicho tengo, tres cosas de notar; la una poderse avivar la semilla sin ponerla en los pechos, ni entre ropa como se hace en España; la otra, que en ningún tiempo se mueren los gusanos, ni por frío ni por calor; y haber en los morales hoja verde todo el año; y esto es por la gran templanza de la tierra. Todo esto oso afirmar porque soy de ello testigo de vista; y digo: que se podrá criar seda en cantidad dos veces en el año, y poca siempre todo el año, como está dicho.
23 En el fin de esta tierra de la Mixteca está el rico valle y fertilísimo de Huaxacac (10), del cual se intitula el señor marqués benemérito don Hernando Cortés, en el cual tiene muchos vasallos. Está en medio de este valle, en una ladera edificada la ciudad de Antequera, la cual es abundantísima de todo género de ganados, y muy proveída de mantenimientos, en especial trigo y maíz. En principio de este año vi vender en ella la hanega de trigo a real, que en esta tierra no se estima tanto un real, como en España, medio. Hay en esta ciudad muy buenos membrillos y granados, y muchos y muy buenos higos, que duran casi todo el año, y hácense en la tierra las higueras muy grandes y hermosas.
24 Del postrero hijo descienden los othomis (otomíes), llamados de su nombre, que se llamaba Otomilth. Es una de las mayores generaciones de la Nueva España. Todo lo alto de las montañas, o la mayor parte, a la redonda de México, están llenas de ellos. La cabeza de su señorío creo que es Xilotepec, que es una gran provincia, y las provincias de Tula y Otumba casi todas son de ellos, sin que en lo bueno de la Nueva España hay muchas poblaciones de estos othomíes de los cuales proceden los chichimecas; y en la verdad estas dos generaciones son las de más bajo metal, y de gente más bárbara de toda la Nueva España, pero hábiles para recibir la fe, y han venido y vienen con gran voluntad a recibir el bautismo y la doctrina cristiana.
25 No he podido bien averiguar cuál de estos hermanos fue a poblar la provincia de Nicaragua, mas de cuanto sé que en tiempo de una gran esterilidad, compelidos muchos indios con necesidad, salieron de esta Nueva España, y sospecho que fue en aquel tiempo que estuvo cuatro años que no llovió en toda la tierra; porque se sabe que en este propio tiempo por el Mar del Sur fueron gran número de canoas o barcas, las cuales aportaron y desembarcaron en Nicaragua, que está de México más de trescientas y cincuenta leguas y dieron guerra a los naturales que allí tenían poblado, y los desbarataron y echaron de su señorío, y ellos se quedaron, y poblaron allí aquellos naturales (nahuales); y aunque no ha (hacía) más de cien años, poco más o menos, cuando los españoles descubrieron aquella tierra de Nicaragua, que fue en el año de 1522, y fue descubierta por Gil González de Avila, apodaron haber en la dicha provincia quinientas mil ánimas. Después se edificó allí la ciudad de León, que es cabeza de aquella provincia. Y aunque muchos se maravillaron en ver que Nicaragua sea y esté poblada de naturales (nahuales), que son de la lengua de México, y no sabiendo cuándo ni por quién fue poblada, pongo aquí la manera, porque apenas hay quien lo sepa en la Nueva España.
26 El mismo viejo, padre de los arriba dichos, casó segunda vez (con una mujer llamada Chimalmatlh), la cual la gente creyó que había salido y sido engendrada de la lluvia y del polvo de la tierra; y asimismo creían que el mismo viejo y su primera mujer habían salido de aquel lugar llamado siete cuevas, y que no tenían otro padre ni otra madre. De aquella segunda mujer Chimalmatlh, dicen que hubo un hijo solo que se llamó Quetzalcoatl, el cual salió hombre honesto y templado, y comenzó a hacer penitencia de ayunos y disciplinas, y a predicar, según se dice, la ley natural, y enseñar por ejemplo y por palabra el ayuno; y desde este tiempo comenzaron muchos en esta tierra a ayunar; y no fue casado, ni se le conoció mujer, sino que vivió honesta y castamente. Dicen que fue éste el primero que comenzó el sacrificio, y a sacar sangre de las orejas y de la lengua; no por servir al demonio, sino en penitencia contra el vicio de la lengua y del oír; después el demonio lo aplicó a su culto y servicio.
27 Un indio llamado Chichimecatl ató una cinta o correa de cuero al brazo de Quetzalcoatl, en lo alto cerca del hombro, y por aquel hecho y acontecimiento de atarle el brazo llamáronle Acaliuath (Acolhuatl) y de éste dicen que vinieron los de Coliua (Colhua), antecesores de Moteuczoma, señores de México y de Culiuacan ya dichos. A este Quetzalcoatl tuvieron los indios por uno de los principales (de sus dioses y llamábanle Dios del aire y por todas partes), le edificaron infinito número de templos, y levantaron su estatua y pintaron su figura.
28 Acerca del origen de estos naturales hay diversas opiniones, en especial de los de Culiua o Aculiua (Colhua o Acolhua), que fueron los principales señores de esta Nueva España; y así las unas opiniones como las otras declararé a vuestra ilustrísima señoría.
29 Los de Tetzcoco, que en antigüedad y señorío no son menos que los mexicanos, se llaman hoy día acuhuaque (acolhuas) y toda su provincia junta se llama Acuhuaca (Acolhuacan) y este nombre les quedó de un valiente capitán que tuvieron, natural de la misma provincia, que se llamó por nombre Aculi, que así se llama aquel hueso que va desde el codo hasta el hombro y del mismo hueso llaman al hombro aculi. Este capitán Aculi era como otro Saúl, valiente y alto de cuerpo, tanto que de los hombros arriba sobrepujaba a todo el pueblo, y no había otro a él semejante. Este Aculi fue tan animoso y esforzado y nombrado en la guerra, que de él se llamó la provincia de Tezcuco, Acaliuaca (Tetzcoco, Acolhuacan).
30 Los tlaxcaltecas que recibieron y ayudaron a conquistar la Nueva España a los españoles son de los nahuales, esto es, de la misma lengua que los mexicanos. Dicen que sus antecesores vinieron de la parte del noroeste, y para entrar en esta tierra navegaban ocho o diez días; y de los más antiguos que de allí vinieron tenían dos saetas, las cuales guardaban como preciosas reliquias, y las tenían por principal señal para saber si habían de vencer la batalla, o si se debían de retirar con tiempo. Fueron estos tlaxcaltecas gente belicosa, como se dirá adelante en la tercera parte. Cuando salían a la batalla llevaban aquellas saetas dos capitanes, los más señalados en esfuerzo, y en el primer reencuentro herían con ellas a los enemigos, arrojándolas de lejos, y procuraban hasta la muerte de tornarlas a cobrar; y si con ellas herían y sacaban sangre, tenían por cierta la victoria, y animábanse todos mucho para vencer, y con aquella esperanza esforzábanse para herir y vencer a sus enemigos; y si con las dichas saetas no herían a nadie ni sacaban sangre, lo mejor que podían se retiraban, porque tenían por cierto agüero que les había de suceder mal en aquella batalla. Volviendo al propósito: los más ancianos de los tlaxcaltecas tienen que (vinieron) de aquella parte del noroeste; y allí señalan y dicen que vinieron los nahuales, que es la principal lengua y gente de la Nueva España; y esto mismo sienten y dicen otros muchos. Hacia esta misma parte de noroeste están ya conquistadas y descubiertas quinientas leguas, hasta la provincia de Cíbola; y yo tengo carta de este mismo año hecha cómo de aquella parte de Cíbola han descubierto infinita multitud de gente, en las cuales no se ha hallado lengua de los nahuales, por donde parece ser gente extraña y nunca oída.
31 Aristóteles, en el libro De admirandis in Natura, dice que en los tiempos antiguos los cartagineses navegaron por el estrecho de Hércules, que es nuestro estrecho de Gibraltar, hacia el occidente, navegación de sesenta días, y que hallaban tierras amenas, deleitosas y muy fértiles. Y como se siguiese mucho aquella navegación, y allá se quedasen muchos hechos moradores, el senado cartaginense mandó, so pena de muerte, que ninguno navegase ni viniese la tal navegación, por temor que no se despoblase su ciudad.
32 Estas tierras o islas pudieron ser las que están antes de San Juan (11), o La Española, o Cuba, o por ventura alguna parte de esta Nueva España; pero una tan gran tierra, y tan poblada por todas partes, más parece traer origen de otras extrañas partes; y aún en algunos indicios parece ser del repartimiento y división de los nietos de Noé.
33 Algunos españoles, considerados ciertos ritos, costumbres y ceremonias de estos naturales, los juzgan por ser de generación de moros. Otros, por algunas causas y condiciones que en ellos ven, dicen que son de generación de judíos; mas la más común opinión es que todos ellos son gentiles, pues vemos que lo usan y tienen por bueno.
34 Si esta relación saliere de manos de vuestra ilustrísima señoría, dos cosas le suplico en limosna por amor de Nuestro Señor: la una que el nombre del autor se diga ser un fraile menor, y no otro ninguno; la otra que vuestra señoría la mande examinar en el primer capítulo que en esa su Villa de Benavente se celebrare, pues en él se ayuntan personas asaz doctísimas, porque muchas cosas después de escritas aún no tuve tiempo de las volver a leer, y por esta causa sé que va algo vicioso y mal escrito. Ruego a Nuestro Señor Dios que su santa gracia more siempre en el ánima de vuestra ilustrísima señoría.
35 Hecha en el convento de Santa María de la Concepción de Teocaan (Tehuacán), día del glorioso Apóstol San Matías, año de la Redención humana 1541.
36 Pobre y menor siervo y capellán de vuestra ilustrísima señoría. Motolina (sic), Fray Toribio de Paredes.
Notas
(1) La palabra correcta sería Motecuhzoma. o Motecuhzomatzin. por el reverencial Tzin o sufijo que acompaña al nombre. Sin embargo. lo habitual es llamarle Moctezuma.
(2) Los principales eran cuatro:
a) Tonalpohualli, constituido por un grupo de glifos en los que estaban dibujados 13 numerales con sus figuras. Su interpretación iba dirigida a informar sobre el destino de las personas que lo consultaban a un sacerdote especializado.
b) Xiuhpohualli, o calendario de 20 signos, también acompañado de sus respectivos numerales. Estaba relacionado con la cuenta de los días.
e) Tonalámatl. códice de carácter calendárico. a la vez que adivinatorio.
d) Xiuhámatl, códice en el que se anotaban los años distinguidos por sucesos extraordinarios.
Cada uno de estos códices mencionados por Motolinia tenían que ver con el calendario y constituían un conocimiento especializado a cargo de personas vinculadas con las clases altas.
(3) Acamapichtli: 1376-1396.
(4) Huitzilihuitl: 1396-1417.
(5) Chimalpopoca: 1417-1427.
(6) Itzcóatl: 1427-1440, Fue el fundador de la Triple Alianza, formada por Tenochtitlán, Tezcoco y Tlacopan o Tacuba. En su tiempo se amplió el imperio azteca. Dicha Triple Alianza distribuía el botln de guerra sobre la base de 2/5 a Tenochtitlán, 2/5 a Tezcoco y l/5 a Tlacopan. Durante este tiempo se hicieron conquistas importantes, entre otras, se sacudieron el yugo de Azcapotzalco, ciudad vecina a Tenochtitlán y a la que estaban sometidos los aztecas. a la vez que obligados a pagar tributo de vasallaje.
(7) Huehue Motecuhzoma Ilhuicamina, o Viejo señor enojado flechador del cielo, 1440 - 1469.
(8) Axayacatl: cara del agua, 1469-1481. Aunque Motolinia no lo menciona, a éste le siguió Tizoc (1481-1486). Le sucedió Ahuitzotl (1486-1502), quien extendió el imperio azteca hasta el río Balsas, en el Pacífico, y hasta el río Tuxpan, en el actual estado de Tabasco.
(9) Motecuhzoma Xocoyotzin (1502-1520). Cabe señalar que a partir del asedio de Tenochtitlán, y tras la muerte de Motehcuzoma, le sucedieron Cuitláhuac (1520) y Cuauhtémce (1521-1525), condenado a muerte por Hemán Cortés. De hecho, era un aliado-prisionero de Cortés en la expedición a las Hibueras, y en 1521 había ya perdido su poder político, claramente en poder de los españoles.
(10) Actualmente, ciudad de Oaxaca, en la República Mexicana.
(11) Actual isla de Puerto Rico.
TRATADO PRIMERO
37 Aquí comienza la relación de las cosas, idolatrías, ritos y ceremonias que en la Nueva España hallaron los españoles cuando la ganaron; con otras muchas cosas dignas de notar que en la tierra hallaron.
CAPITULO I
38 De cómo y cuándo partieron los primeros frailes que fueron en aquel viaje, y de las persecuciones y plagas que hubo en la Nueva España.
39 En el año del Señor de 1523, día de la conversión de San Pablo, que es a 25 de enero, el padre fray Martín de Valencia, de santa memoria, con once frailes sus compañeros, partieron de España para venir a esta tierra de Anáhuac, enviados por el reverendísimo señor fray Francisco de los Ángeles, entonces ministro general de la Orden de San Francisco. Vinieron con grandes gracias y perdones de nuestro muy Santo Padre, y con especial mandamiento de la sacra Majestad del Emperador nuestro señor, para la conversión de los indios naturales de esta tierra de Anáhuac, ahora llamada Nueva España.
40 Hirió Dios y castigó esta tierra, y a los que en ella se hallaron, así naturales como extranjeros, con diez plagas trabajosas. La primera fue de viruelas, y comenzó de esta manera: siendo capitán y gobernador Hernando Cortés, al tiempo que el capitán Pánfilo de Narváez desembarcó en esta tierra, en uno de sus navíos vino un negro herido de viruelas, la cual enfermedad nunca en esta tierra se había visto, y a esta sazón estaba esta Nueva España en extremo muy llena de gente; y como las viruelas se comenzasen a pegar a los indios, fue entre ellos tan grande enfermedad y pestilencia en toda la tierra, que en las más provincias murió más de la mitad de la gente y en otras poca menos; porque como los indios no sabían el remedio para las viruelas antes, como tienen muy de costumbre, sanos y enfermos, el bañarse a menudo, y como no lo dejasen de hacer morían como chinches a montones. Murieron también muchos de hambre, porque como todos enfermaron de golpe, no se podían curar los unos a los otros, ni había quien les diese pan ni otra cosa ninguna. Y en muchas partes aconteció morir todos los de una casa; y porque no podían enterrar tantos como morían para remediar el mal olor que salía de los cuerpos muertos, echábanles las casas encima, de manera que su casa era su sepultura. A esta enfermedad llamaron los indios la gran lepra, porque eran tantas las viruelas, que se cubrían de tal manera que parecían leprosos, y hoy día en algunas personas que escaparon parece bien por las señales, que todos quedaron llenos de hoyos.
41 Después dende ha once años vino un español herido de sarampión, y de él saltó en los indios, y si no fuera por el mucho cuidado que hubo en que no se bañasen, y en otros remedios, fuera otra tan gran plaga y pestilencia como la pasada, y aun con todo esto murieron muchos. Llamaron también a este año de la pequeña lepra.
42 La segunda plaga fue, los muchos que murieron en la conquista desta Nueva España, en especial sobre México; porque es de saber que cuando Cortés desembarcó en la costa de esta tierra, con el esfuerzo que siempre tuvo, y para poner ánimo a su gente, dio con los navíos todos que traía al través, y metióse la tierra adentro; y andadas cuarenta leguas entró en la tierra de Tlaxcala, que es una de las mayores provincias de la tierra, y más llena de gente; y entrando en lo poblado de ella, aposentóse en unos templos del demonio en un lugarejo que se llamaba Tecoacazinco, los españoles le llamaron la Torrecilla, porque está en un alto, y estando allí tuvo quince días de guerra con los indios que estaban a la redonda, que se llaman otomíes, que son gente baja como labradores. De éstos se ayuntaba gran número, porque aquello es muy poblado. Los indios de más adentro hablan la misma lengua de México; y como los españoles peleasen valientemente con aquellos otomíes, sabido en Tlaxcala salieron señores y principales, y tomaron gran amistad con los españoles, y lleváronlos a Tlaxcala, diéronles grandes presentes y mantenimientos en abundancia, mostrándoles mucho amor. Y no contentos en Tlaxcala, después que reposaron algunos días tomaron el camino para México. El gran señor de México, que se llamaba Moteuczoma, recibiólos de paz, saliendo con gran majestad, acompañado de muchos señores principales, y dio muchas joyas y presentes al capitán don Hemando Cortés, y a todos sus compañeros hizo muy buen acogimiento; y así anduvieron con su guarda y concierto paseándose por México muchos días. En este tiempo sobrevino Pánfilo de Narváez con más gente y más caballos, mucho (más) que la que tenía Hemando Cortés, los cuales puestos de bajo de la bandera y capitanía de Cortés, con presunción y soberbia, confiando en sus armas y fuerzas humillólos Dios de tal manera que queriendo los indios echarlos de la ciudad, comenzándoles a dar guerra los echaron fuera sin mucho trabajo, muriendo en la salida más de la mitad de los españoles, y casi todos los otros fueron heridos, y lo mismo fue de los indios que eran amigos suyos; y aun estuvieron muy a punto de perderse todos, y tuvieron harto que hacer en volver a Tlaxcala, por la mucha gente de guerra que por todo el camino los seguía. Allegados a Tlaxcala, curáronse y convalecieron, mostrando siempre ánimo; y haciendo de las tripas corazón, salieron conquistando; llevando consigo muchos de los tlaxcalteca conquistaron la tierra de México. Y para conquistar a México habían hecho en Tlaxcala bergantines, los cuales están hoy día en las atarazanas de México, los cuales llevaron en piezas desde Tlaxcala a Tetzcoco, que son quince leguas. Y armados los bergantines en Tetzcoco y echados al agua cuando ya tenían ganados muchos pueblos, y otros que les ayudaban de guerra, y de Tlaxcallan que fue gran número de gente de guerra en favor de los españoles contra los mexicanos, que siempre habían sido sus enemigos capitales.
43 En México y en su favor había mucha más pujanza, porque estaban en ella y en su favor todos los más principales señores de la tierra. Allegados los españoles pusieron cerco a México, tomando todas las calzadas y con los bergantines peleando por el agua, guardaban que no entrase a México socorro ni mantenimientos. Los capitanes por las calzadas hicieron la guerra cruelmente, y ponían por tierra todo lo que ganaban de la ciudad; porque antes que diesen en destruir los edificios, lo que por día los españoles ganaban, retraídos a sus reales y estancias, de noche tomaban los indios a ganar y a abrir las calzadas. Y después que fueron derribando edificios y cegando calzadas, en espacio de días ganaron a México. En esta guerra, por la gran muchedumbre que de la una parte y de la otra murieron, comparan el número de los muertos, y dicen ser más que los que murieron en Jerusalén, cuando la destruyó Tito y Vespasiano.
44 La tercera plaga fue una gran hambre luego como fue tomada la ciudad de México, que como no pudieron sembrar con las grandes guerras, unos defendiendo la tierra ayudando a los mexicanos, otros siendo en favor de los españoles, y lo que sembraban los unos los otros lo talaban y destruían, no tuvieron qué comer; y aunque en esta tierra acontecía haber años estériles y de pocas aguas, otros de muchas heladas, los indios en estos años comen mil raíces y yerbecillas, porque es generación que mejor que otros y con menos trabajo pasan los años estériles; pero aqueste que digo fue de tanta falta de pan, que en esta tierra llaman centli cuando está en mazorca, y en lengua de las islas le llaman maíz. De este vocablo y de otros muchos usan los españoles, los cuales trajeron de las islas a esta Nueva España, el cual maíz faltó en tanta manera que aun los españoles se vieron en mucho trabajo por falta de ello.
45 La cuarta plaga fue de los calpixques, o estancieros, y negros, que luego que la tierra se repartió, los conquistadores pusieron en sus repartimientos y pueblos a ellos encomendados, criados o sus negros para cobrar los tributos y para entender en sus granjerías.
46 Estos residían y residen en los pueblos, y aunque por la mayor parte son labradores de España, hanse enseñoreado en esta tierra y mandan a los señores principales naturales de ella como si fuesen sus esclavos; y porque no querría descubrir sus defectos, callaré lo que siento con decir, que se hacen servir y temer como si fuesen señores absolutos y naturales, y nunca otra cosa hacen sino demandar, y por mucho que les den nunca están contentos; a doquiera que están todo lo enconan y rompen (corrompen), hediondos (hediendo) como carne dañada, y que no se aplican a hacer nada sino a mandar; son zánganos que comen la miel que labran las pobres abejas, que son los indios, y no les basta lo que los tristes les pueden dar, sino que son importunos. En los años primeros eran tan absolutos estos calpixques que en maltratar a los indios y en cargados y enviados lejos (de su) tierra y darles otros muchos trabajos, que muchos indios murieron por su causa y a sus manos, que es lo peor.
47 La quinta plaga fue los grandes tributos y servicios que los indios hacían, porque como los indios tenían en los templos de los ídolos, y en poder de los señores y principales, en muchas sepulturas, gran cantidad de oro recogido de muchos años, comenzaron a sacar de ellos grandes tributos; y los indios con el gran temor que cobraron a los españoles del tiempo de la guerra, daban cuanto tenían; mas como los tributos eran tan continuos que comúnmente son de ochenta en ochenta días, para poderlos cumplir vendían los hijos y las tierras a los mercaderes, y faltando de cumplir el tributo, hartos murieron por ello, unos con tormentos y otros en prisiones crueles, porque los trataban bestialmente, y los estimaban en menos que a sus bestias.
48 La sexta plaga fue las minas del oro, que además de los tributos y servicios de los pueblos a los españoles encomendados, luego comenzaron a buscar minas; que los esclavos indios que hasta hoy en ellas han muerto no se podrían contar; y fue el oro de esta tierra como otro becerro por dios adorado, porque desde Castilla le vienen a adorar pasando tantos trabajos y peligros; y ya que lo alcanzan, plegue a Nuestro Señor que no sea para su condenación.
49 La séptima plaga fue la edificación de la gran ciudad de México, en la cual los primeros años andaba más gente que en la edificación del templo de Jerusalén, porque era tanta la gente que andaba en las obras que apenas podía hombre romper por algunas calles y calzadas, aunque son muy anchas; y en las obras a unos tomaban las vigas, otros caían de alto, a otros tomaban debajo los edificios que deshacían en una parte para hacer en otra, en especial cuando deshicieron los templos principales del demonio. Allí murieron muchos indios, y tardaron muchos años hasta los arrancar de cepa, de los cuales salió infinidad de piedra.
50 Es la costumbre de esta tierra, no la mejor del mundo, porque los indios hacen las obras, y a su costo buscan los materiales, y pagan los pedreros y carpinteros, y si ellos mismos no traen qué comer, ayunan, todos los materiales traen a cuestas; las vigas y piedras grandes traen arrastrando con sogas y como les faltaba el ingenio y abundaba la gente, la piedra o viga que había menester cien hombres, traíanla cuatrocientos; y tienen de costumbre de ir cantando y dando voces, y los cantos y voces apenas cesaban de noche ni de día, por el gran hervor que traían en la edificación del pueblo los primeros años.
51 La octava plaga fue los esclavos, que hicieron para echar en las minas. Fue tanta la prisa que en algunos años dieron a hacer esclavos, que de todas partes entraban en México tan grandes manadas como de ovejas, para echarles el hierro; y no bastaban los que entre los indios llamaban esclavos, que ya que según su ley cruel y bárbara algunos lo sean, pero según ley y verdad casi ninguno es esclavo; mas por la prisa que daban a los indios para que trajesen esclavos en tributo, tanto número de ochenta en ochenta días, acabados los esclavos traían los hijos y los macehuales, que es gente baja como vasallos labradores, y cuantos más haber y juntar podían, y traíanlos atemorizados para que dijesen que eran esclavos. Y el examen que no se hacía con mucho escrúpulo, y el hierro que andaba bien barato, dábanles por aquellos rostros tantos letreros, demás del principal hierro del rey, tanto que toda la cara traían escrita, porque de cuantos era comprado y vendido llevaba letreros, y por esto esta octava plaga no se tiene por la menor.
52 La novena plaga fue el servicio de las minas, a las cuales iban de sesenta leguas y más a llevar mantenimientos los indios cargados; y la comida que para sí mismos llevaban, a unos se les acababa en llegando a las minas, a otros en el camino de vuelta antes de su casa, a otros detenían los mineros algunos días para que les ayudasen a descopetar; o los ocupaban en hacer casas y servirse de ellos, adonde acababa la comida, o se morían allá en las minas, o por el camino; porque dineros no los tenían para comprarlo, ni había quién se la diese. Otros volvían tales, que luego se morían, y de éstos y de los esclavos que murieron en las minas fue tanto el hedor, que causó pestilencia, en especial en las minas de Guaxaca, en las cuales media legua a la redonda y mucha parte del camino, apenas se podía pisar sino sobre hombres muertos o sobre huesos; y eran tantas las aves y cuervos que venían a comer sobre los cuerpos muertos, que hacían gran sombra al sol, por lo cual se despoblaron muchos pueblos, así del camino como de los de la comarca; otros indios huían a los montes, y dejaban sus casas y haciendas desamparadas.
53 La décima plaga fue las divisiones y bandos que hubo entre los españoles que estaban en México, que fue la que en mayor peligro puso la tierra para se perder, si Dios no tuviera a los indios como ciegos; y estas diferencias y bandos fueron causa de que se justiciaron algunos españoles, y otros fueron afrontados y desterrados. Otros fueron heridos cuando allegaron a las manos, no habiendo quien los pusiese en paz, ni quien se metiese en medio, si no eran los frailes, porque esos pocos españoles que había todos estaban apasionados de un bando o de otro, y era menester salir los frailes, unas veces a impedir que no rompiesen, otras a meterse entre ellos después de trabados, andando entre los tiros y armas con que se peleaban, y hollados de los caballos; porque demás de poner paz porque la tierra no se perdiese, sabíase que los indios estaban apercibidos de guerra y tenían hechas casas de armas, aguardando a que allegase una nueva que esperaban, que al capitán y gobernador Hernando Cortés habían de matar en el camino de las Higueras, por una traición que los indios tenían ordenada, así los que iban con él como los del camino, lo cual él supo muy cerca de el lugar adonde estaba ordenada y justiciólos principales señores que eran en la traición, y con esto cesó el peligro; y acá en México se esperaba a cuando los unos españoles desbaratasen a los otros, para dar en los que quedasen y matarlos todos a cuchillo, lo cual Dios no permitió, porque no se perdiese lo que con tanto trabajo para su servicio se había ganado; y el mismo Dios daba gracia a los frailes para los apaciguar, ya los españoles para que los obedeciesen como a verdaderos padres, lo cual siempre hicieron; y los mismos españoles habían rogado a los frailes menores (que entonces no había otros) que usasen del poder que tenían del Papa, hasta que hubiese obispos; y así, unas veces por ruego; otras poníendoles censuras, remediaron grandes males y excusaron muchas muertes.
TRATADO PRIMERO
CAPITULO II
54 De lo mucho que los frailes ayudaron en la conversión de los indios, y de muchos ídolos y crueles sacrificios que se hacían. Son cosas dignas de notar.
55 Quedó tan destruida la tierra de las revueltas y plagas ya dichas, que quedaron muchas casas yermas del todo, y en ninguna hubo adonde no cupiese parte del dolor y llanto, lo cual duró muchos años; y para poner remedio a tan grandes males, los frailes se encomendaron a la Sacratísima Virgen María, norte y guía de los perdidos y consuelo de los atribulados, y juntamente con esto tomaron por capitán y caudillo al glorioso San Miguel, al cual, con San Gabriel y a todos los ángeles, decían cada lunes una misa cantada, la cual hasta hoy día en algunas casas se dice; y casi todos los sacerdotes en las misas dicen una colecta de los ángeles. Y luego que el primer año tomaron alguna noticia de la tierra, parecióles que sería bien que pasasen algunos de ellos en España, así por alcanzar favor de su Majestad para los naturales como traer más frailes, porque la grandeza de la tierra y la muchedumbre de la gente lo demandaba. Y los que quedaron en la tierra recogieron en sus casas los hijos de los señores y principales, y bautizan muchos con voluntad de sus padres. Estos niños, que los frailes criaban y enseñaban, salieron muy bonitos y muy hábiles, y tomaban tan bien la buena doctrina, que enseñaban a otros muchos; y además de esto ayudaban mucho, porque descubrían a los frailes los ritos e idolatrías, y muchos secretos de las ceremonias de sus padres; lo cual era muy gran materia para confundir y predicar sus errores y la ceguedad en que estaban. Declaraban los frailes a los indios quién era el verdadero universal Señor, creador del cielo y de la tierra, y de todas las criaturas, y cómo este Dios con su infinita sabiduría lo regía y gobernaba y daba todo el ser que tenía, y cómo por su gran bondad quiere que todos se salven. Asimismo los desengañaban y decían quién era aquél a quien servían, y el oficio que tenía, que era llevar a perpetua condenación de penas terribles a todos los que en él creían y se confiaban. Y con esto les decían cada uno de los frailes lo más y mejor que entendía que convenía para la salvación de los indios; pero a ellos les era gran fastidio oír la palabra de Dios, y no querían entender en otra cosa sino en darse a vicios y pecados, dándose a sacrificios y fiestas, comiendo y bebiendo y embeodándose en ellas, y dando de comer a los ídolos de su propia sangre, la cual sacaban de sus propias orejas, lengua y brazos, y de otras partes del cuerpo, como adelante diré. Era esta tierra un traslado del infierno, ver los moradores de ella de noche dar voces, unos llamando a el demonio, otros borrachos, otros cantando y bailando; tañían atabales, bocinas, cometas y caracoles grandes, en especial en las fiestas de sus demonios. Las beoderas que hacían muy ordinarias, es increíble el vino que (en) ellas gastaban, y lo que cada uno en el cuerpo metía. Antes que a su vino lo cuezan con unas raíces que le echan, es claro y dulce como aguamiel. Después de cocido hácese algo espeso, y tiene mal olor, y los que con él se embeodan, mucho peor. Comúnmente comenzaban a beber después de vísperas, y dábanse tanta prisa a beber de diez en diez, o quince en quince, y los escanciadores que no cesaban, y la comida que no era mucha, a prima noche ya van perdiendo el sentido, ya cayendo, ya estando cantando y dando voces llamaban al demonio. Era cosa de gran lástima ver los hombres criados a la imagen de Dios vueltos peores que brutos animales; y lo que era peor, que no quedaban en aquel solo pecado, mas cometían otros muchos y se herían y descalabraban unos a otros, y acontecía matarse, aunque fuesen muy amigos y propincuos parientes. Y fuera de estar beodos son tan pacíficos, que cuando riñen mucho se empujan unos a otros, y apenas nunca dan voces, si no es las mujeres que algunas veces riñendo dan gritos, como en cada parte donde las hay acontece. Tenían otra manera de embriaguez que los hacía más crueles, y era con unos hongos o setas pequeñas, que en esta tierra las hay como en Castilla; mas los de esta tierra son de tal calidad, que comidos crudos y por ser amargos, beben tras ellos o comen con ellos un poco de miel de abejas; y de allí a poco rato veían mil visiones, en especial culebras, y como salían fuera de todo sentido, parecíales que las piernas y el cuerpo tenían lleno de gusanos que los comían vivos, y así medio rabiando se salían fuera de casa, deseando que alguno los matase; y con esta bestial embriaguez y trabajo que sentían, acontecía alguna vez ahorcarse, y también eran contra los otros, más crueles. A estos hongos llaman en su lengua teunanacatlth (1), que quiere decir carne de dios, o del demonio que ellos adoraban; y de la dicha manera con aquel amargo manjar su cruel dios los comulgaba. En muchas de sus fiestas tenían costumbre hacer bollos de masa, y éstos de muchas maneras, que casi usaban de ellos en lugar de comunión de aquel dios cuya fiesta hacían; pero tenían una que más propiamente parecía comunión, y era que por noviembre cuando ellos habían cogido su maíz y otras semillas, de la simiente de un género de xenixos, con masa de maíz hacían unos tamales, que son bollos redondos, y éstos cocían en agua en una olla, y en tanto que se cocían tañían algunos niños con un género de atabal, que es todo labrado en un palo, sin cuero ni pergamino; y también cantaban y decían que aquellos bollos se tomaban carne de Tezcatlipuca (2), que era el dios o demonio que tenían por mayor, ya quien más dignidad atribuían; y solos los dichos muchachos comían aquellos bollos en lugar de comunión, o carne de aquel demonio; los otros indios procuraban de comer carne humana de los que morían en el sacrificio, y ésta comían comúnmente los señores principales y mercaderes, y ministros de los templos, que a la otra gente baja pocas veces les alcanzaba un bocadillo. Después que los españoles anduvieron de guerra, y ya ganada México hasta pacificar la tierra, los indios amigos de los españoles muchas veces comían de los que mataban, porque no todas veces los españoles se lo podían defender, sino que algunas veces, por la necesidad que tenían de los indios, pasaban por ello, aunque lo aborrecían.
Notas
(1) Teonanácatl.
(2) Tezcatlipoca, dios importante entre otros tres (Tlaloc, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli), significa, dios de la noche. o espejo humeante. patrono de la brujería y de los jóvenes en su manifestación como Yáotl.
CAPITULO III
56 En el cual prosigue la materia comenzada, y cuenta la devoción que los indios tomaron con la señal de la cruz, y cómo se comenzó a usar.
57 En todo este tiempo los frailes no estaban descuidados de ayudar a la fe y a los que por ella peleaban, con oraciones y plegarias, mayormente el padre fray Martín de Valencia con sus compañeros, hasta que vino otro padre llamado fray Juan de Zumárraga, que fue primer obispo de México, el cual puso luego mucho cuidado y diligencia en adornar y ataviar su iglesia catedral, en lo cual gastó cuatro años toda la renta del obispado. Entonces no había proveídas dignidades en la Iglesia, sino todo se gastaba en ornamentos y edificios de la iglesia, por lo cual está tan ricamente ataviada y adornada como una de las buenas iglesias de España, aunque a el dicho fray Juan de Azumárraga no le faltaron trabajos, hasta hacerle volver a venir a España, dejando primero levantada la señal de la cruz, de la cual comenzaron a pintar muchas; y como en esta tierra hay muy altas montañas, también hicieron altas y grandes cruces, a las cuales adoraban, y mirando sanaban algunos que aún estaban heridos de la idolatría. Otros muchos con esta santa señal fueron librados de diversas acechanzas y visiones que se les aparecían, como adelante se dirá en su lugar.
58 Los ministros principales que en los templos de los ídolos sacrificaban y servían, y los señores viejos, que como todos estaban acostumbrados a ser servidos y gozar de toda la tierra, porque no sólo eran señores de sus mujeres e hijos y haciendas, mas de todo lo que ellos querían y pensaban, todo estaba a su voluntad y querer, y los vasallos no tienen otro querer si no es el del señor, y si alguna cosa les mandan, por grave que sea, no saben responder otra cosa sino mayny, que quiere decir así sea, pues estos señores y ministros principales no consentían la ley que contradice a la carne, lo cual remedió Dios, matando muchos de ellos con las plagas y enfermedades ya dichas y de otras muchas y otros se convirtieron; y como de los que murieron han venido los señoríos a sus hijos, que eran de pequeños bautizados y criados en la casa de Dios; de manera que el mismo Dios les entrega sus tierras en poder de los que en Él creen; y lo mismo ha hecho contra los opositores que contradicen la conversión de estos indios por muchas vías.
59 Procuraron también los frailes que se hiciesen iglesias en todas partes y así ahora casi en cada provincia donde hay monasterio hay advocaciones de los doce apóstoles, mayormente de San Pedro y San Pablo, los cuales demás de las iglesias intituladas de sus nombres, no hay retablo en ninguna parte donde no estén pintadas sus imágenes.
60 En todos los templos de los ídolos, si no era en algunos derribados y quemados de México, en los de la tierra, y aun en el mismo México, eran servidos y honrados los demonios. Ocupados los españoles en edificar México y en hacer casas y moradas para sí, contentábanse con que no hubiese delante de ellos sacrificio de homicidio público, que a escondida y a la redonda de México no faltaban; y de esta manera se estaba la idolatría en paz, y las casas de los demonios servidas y guardadas con sus ceremonias. En esta sazón era ido el gobernador don Hernando Cortés a las Higueras (1), y vista la ofensa que a Dios se hacía, no faltó quien se lo escribió, para que mandase cesar los sacrificios del demonio, porque mientras esto no se quitase, aprovecharía poco la predicación, y el trabajo de los frailes sería en balde; en lo cual luego proveyó bien cumplidamente. Mas como cada uno tenía su cuidado, como dicho es, aunque lo había mandado, estábase la idolatría tan entera como de antes, hasta que el primero día del año de 1525, que aquel año fue en domingo, en Tetzcoco, adonde había los más y mayores teocallis o templos del demonio, y más llenos de ídolos, y muy servidos de papas o ministros, la dicha noche tres frailes, desde las diez de la noche hasta que amanecía, espantaron y ahuyentaron todos los que estaban en las casas y salas de los demonios; y aquel día después de misa se les hizo una plática, encareciendo mucho los homicidios, y mandándoles de parte de Dios, y del rey no hiciesen más la tal obra, si no que los castigarían según que Dios mandaba que los tales fuesen castigados. Esta fue la primera batalla dada a el demonio, y luego en México y sus pueblos y derredores, y en Couathiclan (Cuautitlan). Y luego casi a la par en Tlaxcallan comenzaron a derribar y destruir ídolos, y a poner la imagen del Crucifijo, y hallaron la imagen de Jesucristo crucificado y de su bendita Madre puestas entre sus ídolos a hora que los cristianos se las habían dado, pensando que a ellas solas adorarían; o fue que, ellos como tenían cien dioses, querían tener ciento y uno; pero bien sabían los frailes que los indios adoraban lo que solían. Entonces vieron que tenían algunas imágenes con sus altares, junto con sus demonios e ídolos; y en otras partes la imagen patente y el ídolo escondido, o detrás de un paramento, o tras la pared, o dentro del altar, y por esto se las quitaron, cuantas pudieron haber, diciéndoles que si querían tener imágenes de Dios o de Santa María, que les hiciesen iglesia. Y al principio por cumplir con los frailes comenzaron a demandar que les diesen las imágenes, y a hacer algunas ermitas y adoratorios, y después iglesias, y ponían en ellas imágenes, y con todo esto siempre procuraron de guardar sus templos sanos y enteros; aunque después, yendo la cosa adelante, para hacer las iglesias comenzaron a echar mano de sus teocallis para sacar de ellos piedra y madera, y de esta manera quedaron desollados y derribados; y los ídolos de piedra, de los cuales había infinitos, no sólo escaparon quebrados y hechos pedazos, pero vinieron a servir de cimientos para las iglesias; y como había algunos muy grandes, venían lo mejor del mundo para cimiento de tan grande y santa obra.
61 Sólo Aquel que cuenta las gotas del agua de la lluvia y las arenas del mar, puede contar todos los muertos y tierras despobladas de Haití o Isla Española, Cuba, San Juan, Jamaica y las otras islas; y no hartando la sed de su avaricia, fueron a descubrir las innumerables islas de los Lucayos y las de Baraguana, que decían Herrerías de Oro, de muy hermosa y dispuesta gente y sus domésticos guatiaos, con toda la costa de la Tierra Firme, matando tantas ánimas y echándolas casi todas en el infierno, tratando a los hombres peor que a bestias, y tuviéronla en menos estima, como (si) en la verdad (no) fuesen criados a la imagen de Dios. Yo he visto y conocido hartos de estas tierras y confesado algunos de ellos, y son gente de muy buena razón y de buenas conciencias; ¿pues por qué no lo fueran los otros, si no les dieran tanta prisa a los matar y acabar?; ¡oh, cuánta razón sería en la Nueva España abrir los ojos y escarmentar en los que de estas islas han perecido! Llamo Nueva España desde México a la tierra del Perú, y todo lo descubierto de aquella parte de la Nueva Galicia hacia el norte. Toda esta tierra, lo que no está destruido, debería escarmentar y temer el juicio que Dios hará por la destrucción de las otras islas; baste que ya en esta Nueva España hay muchos pueblos asolados, a lo menos en la costa del Mar del Norte, y también en la de la Mar del Sur, y adonde hubo minas al principio que la tierra se repartió, y aún otros muchos pueblos lejos de México están con media vida.
62 Si alguno preguntase qué ha sido la causa de tantos males, yo diría que la codicia, que por poner en el cofre unas barras de oro para no sé quién, que tales bienes yo digo que no los gozará el tercero heredero, como cada día vemos que entre las manos se pierden y se deshacen como humo o como bienes de trasgo, y a más tardar duran hasta la muerte, y entonces por cubrir el desventurado cuerpo con desordenadas y vanas pompas y trajes de gran locura, queda la desventurada ánima, pobre, fea y desnuda. ¡Oh, cuántos por esta negra codicia desordenada del oro de esta tierra están quemándose en el infierno! Y plega a Dios que paren en esto; aunque yo sé y veo cada día que hay algunos españoles que quieren ser más pobres en esta tierra, que con minas y sudor de indios tener mucho oro; y por esto hay muchos que han dejado las minas. Otros conozco, que de no estar bien satisfechos de la manera como acá se hacen los esclavos, los han ahorrado. Otros van modificando y quitando mucha parte de los tributos, y tratando bien a sus indios. Otros se pasan sin ellos, porque les parece cargo de conciencia servirse de ellos. Otros no llevan otra cosa más de sus tributos modificados, y todo lo demás de comidas, o de mensajeros, o de indios cargados, lo pagan, por no tener que dar cuenta de los sudores de los pobres. De manera que éstos tendría yo por verdaderos prójimos; ya que digo, que el que se tuviere por verdadero prójimo y lo quisiere ser, que haga lo mismo que estos españoles hacen.
Notas
(1) Hibueras.
CAPITULO IV
63 De cómo comenzaron algunos de los indios a venir al bautismo, y cómo comenzaron a deprender la doctrina cristiana, y de (los) ídolos que tenían.
64 Ya que los predicadores comenzaban a soltar algo en la lengua y predicaban sin libro, y como ya los indios no llamaban ni servían a los ídolos si no era lejos o escondidamente, venían muchos de ellos los domingos y fiestas a oír la palabra de Dios y lo primero que fue menester decirles, fue darles a entender quién es Dios, uno todopoderoso, sin principio ni fin, creador de todas las cosas, cuyo saber no tiene fin, suma bondad, el cual creó todas las cosas visibles e invisibles, y las conserva y da ser, y tras esto lo que más les pareció que convenía decirlas por entonces; y luego junto con esto fue menester darles también a entender quién era Santa María, porque hasta entonces solamente nombraban María, o Santa María, y diciendo este nombre pensaban que nombraban a Dios, y (a) todas las imágenes que veían llamaban Santa María. Ya esto declarado, y la inmortalidad del ánima, dábaseles a entender quién era el demonio en quien ellos creían, y cómo los traían engañados; y las maldades que en sí tiene, y el cuidado que pone en trabajar que ninguna ánima se salve; lo cual oyendo hubo muchos que tomaron tanto espanto y temor, que temblaban de oír lo que los frailes les decían, y algunos pobres desarrapados, de los cuales hay hartos en esta tierra, comenzaron a venir a el bautismo y a buscar el reino de Dios, demandándole con lágrimas y suspiros y mucha importunación.
65 En servir de leña a el templo del demonio tuvieron estos indios siempre muy gran cuidado, porque siempre tenían en los patios y salas de los templos del demonio muchos braseros de diversas maneras, algunos muy grandes. Los más estaban delante de los altares de los ídolos, porque todas las noches ardían. Tenían asimismo unas casas o templos del demonio, redondas, unas grandes y otras menores, según eran los pueblos; la boca hecha como de infierno y en ella pintada la boca de una temerosa sierpe con terribles colmillos y dientes, y en algunas de éstas los colmillos eran de bulto, que verlo y entrar dentro ponía gran temor y grima; en especial el infierno que estaba en México, que parecía traslado del verdadero infierno. En estos lugares había lumbre perpetua, de noche y de día. En estas casas o infiernos que digo, eran redondos y bajos, y tenían el suelo bajo, que no subían a ellos por gradas como los otros templos, de los cuales también había muchos redondos; mas eran altos con sus altares, y subían a ellos por muchas gradas; éstos eran dedicados a el dios del viento, que se decía Quezacoatlchy (Quetzalcoatl) (1). Había unos indios diputados para traer leña, y otros para velar, poniendo siempre lumbre; y casi lo mismo hacían en las casas de los señores, adonde en muchas partes hacían lumbres, y aún hoy día hacen algunas y velan las casas de los señores; pero no como solían, porque ya no hacen de diez partes la una.
66 En este tiempo se comenzó a encender otro fuego de devoción en los corazones de los indios que se bautizaban, cuando deprendían el Ave María y el Pater Noster, y la doctrina cristiana; y para que mejor lo tomasen y sintiesen algún sabor, diéronles cantado el Per signum Crucis, Pater Noster y Ave María, Credo y Salve, con los mandamientos en su lengua, de un canto llano gracioso. Fue tanta la prisa que se dieron a deprenderlo, y como la gente era mucha, estábanse a montoncillos, así en los patios de las iglesias y ermitas como por (sus) barrios, tres y cuatro horas cantando y aprendiendo oraciones; y era tanta la prisa, que por doquiera que fuesen, de día o de noche, por todas partes se oía cantar y decir toda la doctrina cristiana, de lo cual los españoles se maravillaban mucho de ver el fervor con que lo decían, y la gana con que se daban a lo deprender; y no sólo deprendieron aquellas oraciones, mas otras muchas, que saben y enseñan a otros con la doctrina cristiana; y en esto y en otras cosas los niños ayudan mucho.
67 Ya que pensaban los frailes que con estar quitada la idolatría de los templos del demonio y venir a la doctrina cristiana y al bautismo era todo hecho, hallaron lo más dificultoso y que más tiempo fue menester para destruir, y fue que de noche se ayuntaban, y llamaban y hacían fiestas al demonio, con muchos y diversos ritos que tenían antiguos, en especial cuando sembraban el maíz, y cuando lo cogían, y de veinte en veinte días, que tenían sus meses; y el postrero día de aquellos veinte era fiesta general en toda la tierra. Cada día de éstos era dedicado a uno de los principales de sus dioses, los cuales celebraban con diversos sacrificios de muertes de hombres, con otras muchas ceremonias. Tenían diez y ocho meses, como presto se dirá, y cada mes de veinte días; y acabados éstos, quedábanles otros cinco días, que decían que andaban en vano, sin año. Estos cinco días eran también de grandes ceremonias y fiestas, hasta que entraban en año. Demás de éstos tenían otros días de sus difuntos, de llanto que por ellos hacían, en los cuales días después de comer y embeodarse llamaban a el demonio, y estos días eran de esta manera: que enterraban y lloraban a el difunto, y después a los veinte días tornaban a llorar a el difunto y a ofrecer por él comida y rosas encima de su sepultura; y cuando se cumplían ochenta días hacían otro tanto, y de ochenta en ochenta días, lo mismo; y acabado el año, cada año en el día que murio el difunto le lloraban y hacían ofrenda, hasta el cuarto año; y desde allí cesaban totalmente para nunca más se acordar del muerto. Por vía de hacer sufragio, a todos los difuntos nombraban teutl (2) fulano, que quiere decir, fulano dios, o fulano santo.
68 Cuando los mercaderes venían de lejos, o otras personas, sus parientes y amigos hacíanles gran fiesta y embeodándose con ellos. Tenían en mucho alongarse de sus tierras y darse por allá buena maña y volver hombres, aunque no trajesen más de la persona; también cuando alguno acababa de hacer una casa, le hacían fiesta. Otros trabajaban y adquirían dos o tres años cuanto podían, para hacer una fiesta al demonio, y en ella no sólo gastaban cuanto tenían, más aún, se adeudaban, de manera que tenían que servir y trabajar otro año y aun otros dos para salir de deuda; y otros que no tenían caudal para hacer aquella fiesta, vendíanse y hacíanse esclavos para hacer una fiesta un día a el demonio. En estas fiestas gastaban gallinas, perrillos y codornices para los ministros de los templos, su vino y pan, esto abondo, porque todos salían beodos. Compraban muchas rosas y canutos de perfumes, cacao, que es otro brebaje bueno y frutas. En muchas de estas fiestas daban a los convidados mantas, y en la más de ellas bailaban de noche de día hasta quedar cansados o beodos. Demás de éstas hacían otras muchas fiestas con diversas ceremonias, y las noches de ellas toda era dar voces y llamar a el demonio, que no bastaba poder ni saber humano para las quitar, porque les era muy duro dejar las costumbres en que se habían envejecido, las cuales costumbres y idolatrías, a lo menos las más de ellas, los frailes tardaron más de dos años en vencer y desarraigar con el favor y ayuda de Dios, y sermones y amonestaciones que siempre les hacían.
69 Desde ha poco tiempo vinieron a decir a los frailes cómo escondían los indios los ídolos y ponían en los pies de las cruces, o en aquellas gradas debajo de las piedras, para allí hacer que adoraban la cruz y adorar a el demonio, y querían allí guarecer la vida de su idolatría, Los ídolos que los indios tenían eran muy muchos y en muchas partes, en especial en los templos de sus demonios, y en los patios y en los lugares eminentes, así como bosques, grandes cerrejones, y en los puertos y montes altos, y en los caminos, a doquiera que se hacía algún alto o lugar gracioso, o dispuesto para descansar; y los que pasaban echaban sangre de las orejas o de la lengua, o echaban un poco de incienso de lo que hay en aquella tierra, que llaman copalli; otros, rosas que cogían en el camino, y cuando otra cosa no tenían, echaban un poco de yerba verde o unas pajas, y allí descansaban, en especial los que iban cargados, porque ellos se echan buenas y grandes cargas.
70 Tenían asimismo ídolos cerca del agua, mayormente en par de las fuentes, adonde hacían sus altares con sus gradas. cubiertos; y en muchas principales fuentes de mucha agua tenían cuatro de estos altares puestos en cruz unos enfrente de otros, la fuente en medio, y allí y en el agua ponían mucho copalli, y papel y rosas; y algunos devotos del agua se sacrificaban allí. Y cerca de los grandes árboles, así como cipreses grandes o cedros, hacían los mismos altares y sacrificios, y en sus patios de los demonios y delante de los templos trabajaban por tener y plantar cipreses, plátanos y cedros. También hacían de aquellos altares pequeños, con sus gradas y cubiertos con su terrado, en muchas encrucijadas de los caminos, y en los barrios de sus pueblos, y en los altozanos, y en otras muchas partes tenían como oratorios, en los cuales lugares tenían mucha cantidad de ídolos de diversas formas y figuras, y éstos públicos, que en muchos días no los podían acabar de destruir, así por ser muchos y en diversos lugares como porque cada día hacían muchos de nuevo; porque habiendo quebrantado en mucha parte, muchos, cuando por allí tornaban los hallaban todos nuevos y tomados a poner; porque como no habían de buscar canteros que se los hiciesen, ni escoda para los labrar, ni quién se la amolase, sino que muchos de ellos son maestros, y una piedra labran con otra, no los podían agotar, ni acabar de destruir. Tenían ídolos de piedra y de palo, y de barro cocido, y también los hacían de masa, y de semillas envueltas con masa, y tenían unos grandes, y otros mayores, y medianos y pequeños, y muy chiquitos. Unos tenían figuras de obispos, con sus mitras y báculos, las cuales había algunas doradas, y otras de piedras de turquesas de muchas maneras. Otros tenían figuras de hombres; tenían en la cabeza un mortero en lugar de mitra, y allí le echaban vino, porque era el dios del vino. Otros tenían diversas insignias, en que conocían a el demonio que representaba. Otros tenían figuras de mujeres, también de muchas maneras. Otros tenían figuras de bestias fieras, así como leones, tigres, perros, venados, y de cuantos animales se crían en los montes y en el campo.
71 También tenían ídolos de figuras de culebras, y éstos de muchas maneras, largas y enroscadas; otras con rostro de mujer. Delante (de) muchos ídolos ofrecían culebras y víboras, y (a) otros ídolos les ponían muchos sartales de colas de víboras; que hay unas víboras grandes que en la cola hacen unas vueltas con las cuales hacen ruido, y a esta causa los españoles las llaman víboras de cascabel; algunas de éstas hay muy fieras, de diez y quince nudos; su herida es mortal y apenas allega a veinte y cuatro horas la vida del herido. Otras culebras hay muy grandes, tan gruesas como el brazo. Estas son bermejas, y no son ponzoñosas, antes las tienen en mucho para comer los grandes señores. Llámanse éstas culebras de venado, esto es, o porque se parecen en la color a el venado, o porque se pone en una senda y allí espera a el venado, y ella ásese a algunas ramas y con la cola revuélvese a el venado y tiénele; y aunque no tiene dientes ni colmillos, por los ojos y por las narices la chupa la sangre. Para tomar éstas no se atreve un hombre, porque ella le apretaría hasta matarle; mas si se hallan dos o tres, síguenla y átanla a un palo grande, y tiénenla en mucho para presentar a los señores. De éstas también tenían ídolos.
72 Tenían también ídolos de aves, así como de águilas, y de águila y tigre eran muy continuos ídolos. De búho y de aves nocturnas, y de otras como milano, y (de) toda ave grande, o hermosa o fiera, o de preciosas plumas tenían ídolo; y el principal era del sol, y también de la luna y estrellas, de los pescados grandes y de los lagartos de agua, hasta sapos y ranas, y de otros peces grandes, y éstos decían que eran los dioses del pescado. De un pueblo de la laguna de México llevaron unos ídolos de estos peces, que eran unos peces hechos de piedra, grandes; y después volviendo por allí pidiéronles para comer algunos peces, y respondieron que habían llevado el dios del pescado y que no podían tomar peces.
73 Tenían por dioses a el fuego y a el aire, ya el agua, ya la tierra, y de esto sus figuras pintadas, y de muchos de sus demonios tenían rodelas y escudos, y en ellas pintadas las figuras y armas de sus demonios con su blasón. De otras muchas cosas tenían figuras e ídolos de bulto y de pincel, hasta de las mariposas y pulgas y langostas, y grandes y bien labradas. Acabados de destruir estos ídolos públicos, dieron tras los que estaban encerrados en los pies de las cruces, como en cárcel, por el demonio que no podía estar cabe la cruz sin padecer grande tormento, y a todos los destruyeron; porque aunque había algunos malos indios que escondían los ídolos, había otros buenos indios ya convertidos, que pareciéndoles mal y ofensas a Dios, avisaban de ello a los frailes, y aun de éstos no faltó quien quiso argüir no ser bien hecho. Esta diligencia fue bien menester, así para evitar muchas ofensas a Dios, y que la gloria que a El se le debe no se la diesen a los ídolos, como para guarecer a muchos del cruel sacrificio, en el cual muchos morían, o en los montes, o de noche, o en lugares secretos; porque en esta costumbre estaban muy encarnizados, y aunque ya no sacrificaban tanto como solían, todavía instigándoles el demonio buscaban tiempo para sacrificar; porque, según presto se dirá, los sacrificios y crueldades de esta tierra y gente sobrepujaron y excedieron a todas las del mundo, según que leemos y aquí se dirá; y antes que entre a decir las crueldades de los sacrificios, diré la manera y cuenta que tenían en repartir el tiempo de años y meses, semanas y días.
Notas
(1) Serpiente emplumada. Dios de los sacerdotes, y del que la leyenda decía que había salido de Tula, ciudad tolteca, expulsado probablemente por los aztecas que en aquel entonces merodeaban por el valle de México. El hecho de que en la mitología creada en torno a Quetzalcóatl afirmara su vuelta por el Oriente, hizo que Cortés fuera tomado por el dios indígena cuando desembarcó en Veracruz. Los aztecas, en su profundo fatalismo existencial, entendieron que el dios volvía a recobrar su perdido poder. El primer comportamiento de Motecuhzoma se basó en este razonamiento.
(2) Téotl, dios.
CAPITULO V
74 De las cosas variables del año, y cómo en unas naciones comienza diferente de otras; y del nombre que daban al niño cuando nacía, y de la manera que tenían en contar los años, y de la ceremonia que los indios hacían.
75 Diversas naciones, diversos modos y maneras tuvieron en la cuenta del año, y así fue en esta tierra de Anáhuac, y aunque en esta tierra, como es tan grande, hay diversas gente y lenguas, en lo que yo he visto todos tienen la cuenta del año de una manera. Y para mejor entender qué significa la tardanza del movimiento de las cosas variables, y éstas se reparten en diez, que son: año, mes, semana, día, cuadrante, hora, punto, momento, onza, átomo. El año tiene doce meses y (o) cincuenta y dos semanas y un día, o trescientos sesenta y cinco días y seis horas. El mes tiene cuatro semanas, y algunos meses tienen dos días más, otros uno, salvo febrero. La semana tiene siete días: el día tiene cuatro cuadrantes: el cuadrante tiene seis horas: la hora cuatro puntos; el punto tiene diez momentos; el momento doce onzas; la onza cuarenta y siete átomos; el átomo es indivisible. Los egipcios y los árabes comienzan el año desde septiembre, porque en aquel mes los árboles están con fruta madura, y ellos tienen que en el principio del mundo los árboles fueron creados con fruta, y que septiembre fue el primer mes del año. Los romanos comenzaron el año desde el mes de enero, porque entonces, o poco antes, el sol se comienza a allegar a nosotros. Los judíos comienzan el año de marzo, porque tienen que entonces fue creado el mundo con flores y yerba verde. Los modernos cristianos, por reverencia de nuestro Salvador Jesucristo, comienzan el año desde su santa Navidad; otros de (sde) su sagrada Circuncisión.
76 Los indios naturales de esta Nueva España, al tiempo que esta tierra se ganó y entraron en ella los españoles comenzaban su año en principio de marzo; mas por no alcanzar bisiesto irse ya variando su año por todos los meses. Tenía el año de trescientos y sesenta y cinco días. Tenían mes de a veinte días, y tenían diez y ocho meses y cinco días en un año, y el día postrero del mes muy solemne entre ellos.
77 Los nombres de los meses y de los días no se ponen aquí, por ser muy revesados y que se pueden mal escribir; podrá ser que se pongan las figuras por donde se conocían y tenían cuenta con ellos. Estos indios de la Nueva España tenían semana de trece días, los cuales significaban por estas señales o figuras: a el primero, demás del nombre que como los otros tenía, conocían por un espadarte, que es un pescado o bestia marina; el segundo, dos vientos; el tercero, tres casas; el cuarto, cuatro lagartos de agua, que también son bestias marinas; el cinco, cinco culebras; el seis, seis muertes; el siete, siete siervos; el ocho, ocho conejos; el nueve, nueve aguas; el diez, diez perros; el once, once monas; el doce, doce escobas; el trece, trece cañas. De trece en trece días iban sus semanas contadas; pero los nombres de los días eran veinte; todos nombrados por sus nombres y señalados con sus figuras o caracteres; y por esta misma cuenta contaban también los mercados, que unos hacían de veinte en veinte días y otro de trece en trece días, otros de cinco en cinco días, y esto era y es más general, salvo en los grandes pueblos que éstos cada día tienen su mercado y plaza llena de mediodía para abajo; y son tan ciertos en la cuenta de estos mercados o ferias, como los mercaderes de España en saber las ferias de Villalón y Medina. De la cuenta de los meses y años y fiestas principales había maestros como entre nosotros, los que saben bien el cómputo. Este calendario de los indios tenía para cada día su ídolo o demonio, con nombres de varones y mujeres diosas; y estaban todos los días del año llenos (de estos nombres y figuras) como calendarios de breviarios romanos, que para cada día tienen su santo o santa (1).
78 Todos los niños cuando nacían tomaban nombre del día en que nacían, ora fuese una flor, ora dos conejos; y este nombre les daban al séptimo día, y entonces si era varón poníanle una saeta en la mano, y si era hembra dábanle un huso y un palo de tejer, en señal que había de ser hacendosa y casera, buena hilandera y mejor tejedora; a el varón porque fuese valiente para defender a sí y a la patria, porque las guerras eran muy ordinarias cada año; y en aquel día le regocijaban los parientes y vecinos con el padre del niño. En otras partes, luego que la criatura nacía, venían los parientes a saludarla, y decíanle estas palabras: venido eres a padecer, sufre y padece, y esto hecho, cada uno de los que le habían saludado, le ponían un poco de cal en la rodilla. Y a el séptimo día (de haber nacido) dábanle el nombre del día en que había nacido. Después, desde a tres meses, presentaban aquella criatura en el templo del demonio, y dábanle su nombre, no dejando el que tenía, y también entonces comían de regocijo; y luego el maestro del cómputo decíale el nombre del demonio que caía en aquel día de su nacimiento. De los nombres de estos demonios tenían mil agüeros y hechicerías, de los hados que le habían de acontecer en su vida, así en casamientos como en guerras. A los hijos de los señores principales daban tercero nombre de dignidad o de oficio; a algunos siendo muchachos, a otros ya jóvenes, a otros cuando hombres; o después de muerto el padre, heredaba el mayorazgo y el nombre de la dignidad que el padre había tenido.
79 No es de maravillar de los nombres que estos indios pusieron a sus días de aquellas bestias y aves, pues los nombres de los días de nuestros meses y semanas los tienen de los nombres dioses y planetas, lo cual fue obra de los romanos.
80 En esta tierra de Anáhuac contaban los años de cuatro en cuatro, y este término de años contaban de esta manera (2). Ponían cuatro casas con cuatro figuras; la primera ponían al mediodía, que era una figura de conejo; la otra ponían hacia oriente, y eran dos cañas; la tercera ponían al septentrión, y eran tres pedernales o tres cuchillos de sacrificar; la cuarta casa ponían hacia occidente, y en ella la figura de cuatro casas. Pues comenzando la cuenta del primero año y de la primera casa, van contando por sus nombres y figuras hasta trece años, que acaba en la misma casa que comenzaron, que tiene la figura de un conejo. Andando tres vueltas, que son tres olimpiadas, la postrera tiene cinco años y las otras cuatro, que son trece, a el cual término podríamos llamar indicción, y de esta manera hacían otras tres indicciones por la cuenta de las cuatro casas, de manera que venían a hacer cuatro indicciones, cada una de a trece años, que venían a hacer una hebdómada de cincuenta y dos años, comenzando siempre el principio de la primera hebdómada en la primera casa; y es mucho de notar la ceremonia y fiesta que hacían en el fin y postrero día de aquellos cincuenta y dos años, y en el primer día que comenzaban nuevo año y nueva olimpiada. El postrero día del postrer año, a hora de vísperas, en México y en toda su tierra, y en Tetzcoco y sus provincias, por mandamiento de los ministros de los templos, mataban todos los fuegos con agua, así de los templos del demonio como de los lugares que había fuego perpetuo, que era en los infiernoS ya dichos, este día también mataban los fuegos. Luego salían ciertos ministros de los templos de México, dos leguas a un lugar que se dice Iztapalapa, y subían a un cerrejón que allí está, sobre el cual estaba un templo del demonio, a el cual tenía mucha devoción y reverencia el gran señor de México, Motezuma. Pues allí a la medianoche, que era principio del año de la siguiente hebdómada, los dichos ministros sacaban nueva lumbre de un palo que llamaban palo de fuego, y luego encendían tea, y antes que nadie encendiese, con mucho fervor y prisa la llevaban al principal templo de México, y puesta la lumbre delante de los ídolos, traían un cautivo tomado en guerra, y delante el nuevo fuego sacrificándole, le sacaban el corazón, y con la sangre, el ministro mayor rociaba el fuego a manera de bendición. Esto acabado, ya que el fuego quedaba como bendito, estaban allí esperando de muchos pueblos para llevar lumbre nueva a los templos de sus lugares lo cual hacían pidiendo licencia al gran príncipe o pontífice mexicano, que era como papa, y esto hacían con gran fervor y prisa. Aunque el lugar estuviese hartas leguas, ellos se daban tanta prisa que en breve tiempo ponían allá la lumbre. En las provincias lejos de México hacían la misma ceremonia, y esto se hacía en todas partes con mucho regocijo y alegría; y en comenzando el día en toda la tierra y principalmente en México hacían gran fiesta, y sacrificaban cuatrocientos hombres en sólo México.
Notas
(1) Los nombres de los signos, y su orden, eran los siguientes:
cipactli = lagarto
echécatl = viento
cuetzpallin = casa
cóatl = serpiente
miquizti = muerte
mázatl = venado
tocgtli = conejo
atl = agua
itzcuintli = perro
malinali = hierba
ácatl = caña
océlotl = tigre
cauauhtli = águila
cozcquiuhtli = zopilote rey
ollín = temblor-movimiento
técpstl = pedernal
quiauitl = lluvia
xóxhitl = flor
Estos signos formaban parte del calendario tonalpohualli, que ya señalamos. Junto a cada figura se ponía la fecha. La serie de 20 signos o glifos iba combinada con otra de números, del 1 al 13. Así, el día 14°, de los 20 de la serie numeral, recibía el número 1. Esta serie comenzaba con el 1 lagarto, seguía con 2 viento, 3 casa, 4 lagartija, y así sucesivamente, hasta que al llegar a 13 caña, la siguiente serie comenzaba con 1 tigre, 2 águila, y así cuando llegaba a 8 flor, seguía 8 lagarto. De este modo, ningún día podía confundirse con otro a causa de esta combinación. Esta última no se repetía hasta 260 días, que era la multiplicación de 13 X 20. Asimismo, cada serie tenía un significado diferente: bueno, malo, neutro, dependiendo del pronóstico que se diera al primer día. Los números más favorables eran el 7, 10, 11, 12 y 13. (Cf. Alonso Cano, El pueblo del sol, México. Fondo de Cultura Económica, 1953).
(2) El calendario solar constaba de 18 meses de 20 días cada uno. El sobrante de 5 días se consideraba nefasto, o nemontemi. Cada 4 años añadían 1 día a la cuenta, con lo cual reconocían su carácter de bisiesto. Los años solares se iniciaban con símbolos tales, por este orden, 1 tochtli o conejo, 2 ácatl o caña, 3 técpatl o pedernal, 4 calli o casa, 5 tochtli, y así sucesivamente, hasta que al cumplirse 52 años volvía a aparecer el 1 tochtli o conejo. Cuando esto ocurría comenzaba otro ciclo, y a causa de ello se encendía el Fuego Nuevo a partir de la media noche anterior. Cada 2 ciclos era equivalente a 104 años, y con este motivo coincidían el inicio de un cómputo solar y un ciclo de tonalpohualli. Este era un momento culminante, pues se basaba en el temor a la catástrofe astral que acabaría con la vida, y de ahí el encendido del Fuego Nuevo.
CAPITULO VI
81 De la fiesta llamada panquezalizthi (1), y de los sacrificios y homicidios que en ella se hacían; y cómo sacaban los corazones y los ofrecían, y después comían los que sacrificaban.
82 En aquellos días de los meses que arriba quedan dichos, en uno de ellos que se llamaba panquezalizthi, que era el catorceno, el cual era dedicado a los dioses de México, mayormente a dos de ellos que se decían ser hermanos y dioses de la guerra, poderosos para matar y destruir, vencer y sujetar; pues en este día, como pascua o fiesta más principal, se hacían muchos sacrificios de sangre, así de las orejas como de la lengua, que esto era muy común; otros se sacrificaban de los brazos y pechos y de otras partes del cuerpo; pero porque en esto de sacarse un poco de sangre para echar a los ídolos, como quien esparce agua bendita con los dedos, o echar la sangre en unos papeles y ofrecerlos de las orejas y lengua a todos y en todas partes era general; pero de las otras partes del cuerpo en cada provincia había su costumbre; unos de los brazos, otros de los pechos, que en esto de las señales se conocían de qué provincia eran. Demás de estos y otros sacrificios y ceremonias, sacrificaban y mataban a muchos de la manera que aquí diré.
83 Tenían una piedra larga, de una brazada de largo, y casi palmo y medio de ancho, y un buen palmo de grueso o de esquina. La mitad de esta piedra estaba hincada en la tierra, arriba en lo alto encima de las gradas, delante del altar de los ídolos. En esta piedra tendían a los desventurados de espaldas para los sacrificar, y el pecho muy tenso, porque los tenían atados los pies y las manos, y el principal sacerdote de los ídolos o su lugarteniente, que eran los que más ordinariamente sacrificaban, y si algunas veces había tantos que sacrificar que éstos se cansasen, entraban otros que estaban ya diestros en el sacrificio, y de presto con una piedra de pedernal con que sacan lumbre, de esta piedra hecho un navajón como hierro de lanza, no mucho agudo, porque como es piedra muy recia y salta, no se puede hacer muy aguda; esto digo porque muchos piensan que eran de aquellas navajas de piedra negra, que en esta tierra las hay, y sácanlas con el filo tan delgado como de una navaja, y tan dulcemente corta como navaja, sino que luego saltan mellas; con aquel cruel navajón, como el pecho estaba tan tenso, con mucha fuerza abrían al desventurado y de presto sacábanle el corazón, y el oficial de esta maldad daba con el corazón encima del umbral del altar de parte de fuera, y allí dejaba hecha una mancha de sangre; y caído el corazón, estaba un poco bullendo en la tierra, y luego poníanle en una escudilla delante del altar. Otras veces tomaban el corazón y levantábanle hacia el sol, y a las veces untaban los labios de los ídolos con la sangre. Los corazones, a las veces los comían los ministros viejos; otras los enterraban, y luego tomaban el cuerpo y echábanle por las gradas abajo a rodar; y allegado abajo, si era de los presos en guerra, el que lo prendió, con sus amigos y parientes llevábanlo, y aparejaban aquella carne humana con otras comidas, y otro día hacían fiesta y le comían; y el mismo que le prendió, si tenía con qué lo poder hacer, daba aquel día a los convidados, mantas; y si el sacrificado era esclavo no le echaban a rodar, sino abajábanle a brazos, y hacían la misma fiesta y convite que con el preso en guerra, aunque no tanto con el esclavo; sin otras fiestas y días de más de muchas ceremonias con que las solemnizaban, como en estotras fiestas parecerá. Cuanto a los corazones de los que sacrificaban, digo: que en sacando el corazón a el sacrificado, aquel sacerdote del demonio tomaba el corazón en la mano, y levantábale como quien le muestra a el sol, y luego volvía a hacer otro tanto a el ídolo, y poníasele delante en un vaso de palo pintado, mayor que una escudilla, y en otro vaso cogía la sangre y daban de ella como a comer a el principal ídolo, untándole los labios, y después a los otros ídolos y figuras del demonio. En esta fiesta sacrificaban de los tomados en guerra o esclavos, porque casi siempre eran de éstos los que sacrificaban, según el pueblo, en unas veinte, en otros treinta, en otros cuarenta, y hasta cincuenta y sesenta; en México sacrificaban ciento, y de ahí arriba.
84 En otro día de aquellos ya nombrados se sacrificaban muchos, aunque no tantos como en la (fiesta) ya dicha; y nadie piense que ninguno de los que sacrificaban matándoles y sacándoles el corazón, o cualquiera otra muerte, que no era de su propia voluntad, sino por fuerza, y sintiendo muy sentida la muerte y su espantoso dolor. Los otros sacrificios de sacarse sangre de las orejas o lengua, o de otras partes, estos eran voluntarios casi siempre. De aquellos que así sacrificaban, desollaban algunos, en unas partes dos o tres, en otras cuatro o cinco, en otras, diez, y en México, hasta doce o quince, y vestían aquellos cueros, que por las espaldas y encima de los hombros, dejaban abiertos, y vestido lo más justo que podían, como quien viste jubón y calzas, bailaban con aquel cruel y espantoso vestido; y como todos los sacrificados o eran esclavos o tomados en la guerra, en México par