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"Por ende suplico al rey mi
señor muy afectuosamente e encargo e mando a la dicha princesa, mi hija, e
al dicho príncipe, su marido, que así lo hagan e cumplan, e que éste sea
su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e no consientan
nin den lugar que los yndios vecinos e moradores de las dichas Yndias e
Tierra Firme, ganadas e por ganar, reciban agrauio en sus personas ni
bienes, mas manden que sean bien e justamente tratados, e si algund
agrauio han recebido lo remedien e prouean por manera que no exceda en
cosa alguna lo que por las letras apostólicas de la dicha concesión nos es
injundido e mandado".
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Testamento
de la Reyna
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... “Por este tiempo enfermó en Medina de el Campo La Reyna Cathólica Doña Isabel y aviniendo entendido que aquella era su última enfermedad, aunque larga, mandó llamar a diferentes religiosos, sujetos todos de grande fama y opinión así en virtudes como en letras. Tuvo noticia la reyna, cómo avía venido por Prior al Monasterio de La Mejorada, el P. Fray Pedro de Vejar de quien tenía buenas noticias y luego lo mandó llamar”.
“Con esto se pasó hasta últimos de noviembre que murió la Reyna, aviéndola asistido fray Pedro hasta que espiró y la dio la Unción”.
El cronista vallisoletano, en nota de recuerdo para la posteridad, pondera el tiempo triste y lluvioso que acompañó durante mes y medio tras la muerte de la Reina Católica en toda la península: “en este tiempo acá que es 16 días del mes de diciembre de 1504, fueron tantas las aguas de noche y de día, que hacía 43 que, de noche o de día no cesó de llover poco o mucho”.
Desde el día que partieron de Medina con el cuerpo de la Reina, en todo el camino, que duró diez y nueve días, no vieron el sol ni aun las estrellas pues llovía de noche y durante el día: en vez de andar por tierra, parecíales que estaban navegando por algún mar. Solamente, dice, descubrían tierra cuando “subíamos por algún monte o collado, pero, en bajando a lo llano, fluctuaban las mulas por las lagunas y no podíamos salir de los pantanos y se quedaban de su voluntad en ellos, por no ir con nosotros...”
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